Mitología hitita: los principales mitos y dioses del Imperio Hitita

La mitología hitita fue un conjunto de mitos y leyendas sobre los dioses principales del panteón del Imperio Hitita, una estructura política que gobernó durante siglos la región de Anatolia.
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Mitología hitita: mitos y leyendas de los hititas
Marcos Ribas Pérez | Mar, 10/21/2025 - 09:45
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La mitología hitita es un tesoro del mundo antiguo escondido durante mucho tiempo. Surgida en Anatolia durante el segundo milenio a.C., esta tradición religiosa tiene una característica que la hace muy especial: debido a su posición geográfica, absorbía influencias de todos lados como una esponja cultural. El imperio hitita, que llegó a dominar buena parte de Asia Menor y el Levante, creó un sistema religioso que mezclaba elementos indoeuropeos, hurritas y mesopotámicos en un cóctel divino único. Gracias al desciframiento de las tablillas cuneiformes que se encontraron en Hattusa, su antigua capital, hoy podemos asomarnos a ese mundo perdido de dioses temperamentales, mitos violentos y rituales que intentaban mantener el orden cósmico.

¿Cuáles son los orígenes de la mitología hitita y su relación con los hurritas?

La mitología hitita no nació de la noche a la mañana. Es más bien como una receta que se fue cocinando a fuego lento durante siglos, añadiendo ingredientes de aquí y de allá. Los hititas, un pueblo indoeuropeo que llegó a Anatolia, establecieron su dominio hacia el 1650 a.C., pero no llegaron a tierra virgen. Ya vivían allí los hattis, gente que llevaba siglos en la región con sus propias creencias. En lugar de borrar todo lo anterior, los hititas construyeron su propia cultura sobre esos cimientos. Cuando el imperio creció, empezaron a absorber ideas hurritas y mesopotámicas de forma natural para adaptarlas a su propio mundo. Durante el Imperio Antiguo (alrededor del 1650-1400 a.C.), todavía se notaba mucho la influencia hatti en los rituales y las ceremonias. Pero conforme pasó el tiempo, especialmente durante el Imperio Nuevo (1400-1180 a.C.), los elementos hurritas se volvieron cada vez más prominentes, hasta el punto de que algunos dioses hurritas llegaron a ser más populares que los originales hititas.

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Mitología hitita: gran templo en Hattusa

¿Cómo se formó el panteón hitita a partir de influencias indoeuropeas?

La esencia indoeuropea del panteón hitita salta a la vista, sobre todo cuando miramos a sus dioses del clima. Tarhun (o Teshub, como lo llamaban los hurritas) era un dios de la tormenta todopoderoso que controlaba truenos, rayos y, lo más importante para una sociedad agrícola, las lluvias. Una divinidad con muchos elementos comunes con otros pueblos indoeuropeos como el Zeus de los griegos o el Júpiter de los romanos.

Pero aquí es donde los hititas se diferenciaban de otros pueblos antiguos: no eran celosos con sus dioses. Mientras otros imperios imponían sus deidades a los pueblos conquistados, los hititas hacían todo lo contrario: adoptaban las divinidades de los pueblos con los que entraban en contacto. El panteón hitita era como una fiesta divina donde siempre había sitio para uno más. Esta flexibilidad religiosa no era solo tolerancia: era estrategia política pura y dura. Los reyes hititas se presentaban como protectores de todas las tradiciones religiosas, lo que les daba legitimidad ante poblaciones muy diversas. 

¿Qué papel jugaron los hurritas en el desarrollo de la mitología hitita?

Los hurritas, pueblo que vivía al norte de Mesopotamia y al sureste de Anatolia, influyó mucho en la religión hitita. Cuando el imperio hitita se expandió hacia sus territorios durante el Imperio Nuevo, no solo conquistaron tierras: absorbieron toda una cosmovisión. El caso más espectacular es el de Kumarbi, un dios hurrita que pasó de ser desconocido a protagonizar algunos de los mitos más importantes de los hititas. Un dios extranjero que termina siendo el centro del famoso "Ciclo de Kumarbi", comparable en importancia al Kronos griego o al Enlil babilonio. Y Teshub, el nombre hurrita del dios de la tormenta, se fusionó tan bien con el hitita Tarhun que a veces es difícil saber dónde termina uno y empieza el otro. Es como si los hititas hubieran tomado lo mejor de ambos mundos y creado algo totalmente nuevo.

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Mitología hitita: tratado de Kadesh con Egipto

¿Por qué se conocía a los hititas como el pueblo de "los mil dioses"?

Este apodo no es exageración. Los hititas tenían una política religiosa muy concreta: respetaban y adoptaban a todos los dioses que encontraban. Cada vez que conquistaban un territorio, en lugar de destruir templos o prohibir cultos, añadían los nuevos dioses a su panteón. Los textos encontrados en Hattusa incluyen listas interminables de dioses que debían ser invocados en las ceremonias: dioses hatti, hurritas, babilonios, sumerios, asirios, ugaríticos... La lista sigue y sigue. Los reyes hititas, como Mursili II, se presentaban como devotos servidores de todos estos dioses. "Soy el siervo de mil dioses", podían decir con orgullo. Y no era solo palabrería: esta estrategia les permitió mantener un imperio estable durante siglos, gobernando sobre pueblos con culturas y religiones totalmente diferentes. Funcionó tan bien que el imperio solo cayó cuando llegaron los misteriosos "Pueblos del Mar" hacia el 1180 a.C.

¿Quiénes eran los dioses principales de la mitología hitita?

El panteón hitita tenía sus grandes dioses, como cualquier buen elenco divino que se precie. En la cima estaba el dios de la tormenta (Tarhun/Teshub), el tipo duro que controlaba el clima y decidía si ese año habría buena cosecha o todos pasarían hambre. A su lado reinaba la diosa solar de Arinna (también conocida como Wurusemu), que era como la jueza suprema del cosmos: protegía el reino y se aseguraba de que hubiera justicia divina. Luego estaba Telepinu, el dios de la agricultura, que tenía un temperamento terrible - cuando se enfadaba, literalmente se llevaba toda la fertilidad del mundo con él. Kumarbi era el abuelo gruñón del panteón, el padre primordial de los dioses con un pasado turbulento. También estaba Hannahanna, la diosa madre; Elkunirsa, asociado con la creación; y el dios sol, que se encargaba de la justicia y la verdad. 

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Mitología hitita: petroglifos en Hattusa

¿Por qué el dios de la tormenta y la diosa solar de Arinna eran tan importantes?

El dios de la tormenta y la diosa solar de Arinna eran la pareja poderosa del mundo divino hitita. Tarhun/Teshub no era solo otro dios más: era el dios por antonomasia, el protector supremo del imperio. Los reyes hititas decían ser sus representantes en la tierra, lo que automáticamente les daba derecho divino para gobernar. Este dios aparecía siempre con un rayo en una mano y acompañado de un toro, símbolos de su poder para dar vida (con la lluvia) o destruirla (con las tormentas). Su esposa, la diosa solar de Arinna, tenía su propio poder independiente. Los textos la llaman "la reina del cielo y la tierra" y "la que determina los destinos del reino". Su centro de culto en Arinna, cerca de la capital, era uno de los lugares más sagrados del imperio. Lo más curioso es que los reyes hititas adoptaban títulos que los conectaban con esta pareja divina: el rey se llamaba "Mi Majestad el Sol" y la reina era "la Tawananna". Era como decir: "nosotros somos en la tierra lo que ellos son en el cielo".

¿Qué representaba Telepinu en la religión y mitología hitita?

Telepinu era el dios de la agricultura y la fertilidad, y literalmente tenía el poder de la vida y la muerte en sus manos. Su mito más famoso cuenta cómo, en un berrinche épico, abandona el mundo y se lleva toda la fertilidad con él. ¿El resultado? Catástrofe total: los campos se secan, los animales dejan de reproducirse, la gente muere de hambre. Este mito, que recuerda mucho al rapto de Perséfone por Hades en la mitología griega, era la manera hitita de explicar por qué a veces las cosechas fallaban o llegaban las sequías. Pero Telepinu no era solo destrucción: también representaba la esperanza del retorno de la abundancia. Los rituales dedicados a él se celebraban en momentos clave del año agrícola, intentando mantenerlo contento y evitar que volviera a hacer una de sus famosas desapariciones. Era el dios al que realmente necesitabas tener de tu lado si querías sobrevivir en el antiguo mundo hitita.

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Mitología hitita: puerta de las esfinges en Hattusa

¿Cuál era el papel de Kumarbi en los mitos hititas?

Kumarbi es probablemente el personaje más complejo de toda la mitología hitita. Este dios hurrita, conocido como "el padre de los dioses", cuenta con un ciclo mitológico que narra una historia de traición, violencia y venganza que atraviesa generaciones divinas. En el episodio más famoso, Kumarbi destrona a Anu (el cielo) de una manera particularmente brutal: lo castra y se traga su virilidad. El resultado de este acto es que Kumarbi queda "embarazado" del dios de la tormenta Teshub, quien eventualmente lo destronará. Es prácticamente la misma historia que Hesíodo cuenta sobre Cronos y Zeus, lo que ha llevado a muchos expertos a pensar que los griegos tomaron prestada esta historia de los hititas. Pero Kumarbi no se rinde fácil: en otro mito, engendra a Ullikummi, un monstruo de piedra diseñado específicamente para destruir a Teshub y recuperar el poder. Estos relatos no son solo entretenimiento antiguo; reflejan las tensiones reales y los conflictos violentos que caracterizaban la política de la época.

¿Qué mitos hititas fundamentales han sobrevivido en las tablillas descubiertas?

Los mitos que conocemos hoy vienen de las tablillas cuneiformes encontradas en el archivo real de Hattusa. Estas tablillas, escritas principalmente durante el Imperio Nuevo (1400-1180 a.C.), son nuestra fuente principal para reconstruir los detalles de la religión hitita. Entre los grandes éxitos que han sobrevivido está el "Ciclo de Kumarbi", la saga violenta de sucesión divina que ya mencionamos. También tenemos el mito de la desaparición de Telepinu, el drama del dios enfadado que casi destruye el mundo. El relato de Illuyanka cuenta la eterna lucha entre el dios de la tormenta y un dragón o serpiente gigante. Y está el curioso mito de la abeja, conectado con rituales de fertilidad y purificación. También hay fragmentos de historias con la diosa solar de Arinna, Hannahanna haciendo de celestina divina, y Elkunirsa creando cosas. Lo particular de estos textos es que mezclan la narrativa con instrucciones rituales, como si fueran a la vez un libro de cuentos y un manual de instrucciones para hablar con los dioses.

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Mitología hitita: puerta de los leones en Hattusa

¿En qué consiste el mito de la desaparición de Telepinu?

El mito de la desaparición de Telepinu empieza cuando el dios, por razones que varían según la fuente, se enfada tanto que decide largarse del mundo. Y no se va con las manos vacías: se lleva toda la fertilidad y abundancia con él. El resultado es apocalíptico: la tierra se vuelve estéril, los árboles se marchitan, los animales dejan de tener crías, y los humanos empiezan a morir de hambre. Los dioses se reúnen en consejo de emergencia, pero nadie sabe qué hacer. Es entonces cuando Hannahanna, la diosa madre, tiene una idea brillante: envía a una pequeña abeja a buscar a Telepinu. La abeja lo encuentra dormido en un bosque remoto y lo despierta con una picadura. Telepinu regresa furioso, más enfadado que antes, dispuesto a arrasar con todo. Solo mediante complejos rituales de purificación logran calmar su ira y convencerlo de que devuelva la fertilidad al mundo. Este mito no era solo una historia: era un manual sobre cómo lidiar ritualmente con la ira divina, algo aparentemente muy necesario en el mundo hitita.

¿Cómo se narra la lucha por la soberanía divina en el Ciclo de Kumarbi?

El Ciclo de Kumarbi es una historia divina con todos los elementos: traición, violencia, venganza, luchas de poder multigeneracionales. La historia se inicia con Alalu, el primer rey de los cielos, que reina pacíficamente durante nueve años, hasta que Anu decide que es momento de un cambio de mando y lo destrona. Pero Anu no sobrevive: Kumarbi tiene sus propios planes y, en una escena que haría palidecer a cualquier dios, castra a Anu y se traga su virilidad. Y este acto trae consigo un efecto inesperado: Kumarbi da a luz a varios dioses, incluido Teshub, el futuro dios de la tormenta. Cuando Teshub nace finalmente derroca a su padre-madre Kumarbi. Pero la historia no termina ahí. Como venganza, Kumarbi crea a Ullikummi, un monstruo de piedra que crece sin control, con el propósito de derrotar a Teshub y recuperar el trono del cielo. Las batallas que siguen son épicas, todos los dioses reuniéndose para luchar contra esta amenaza. Finalmente, con inteligencia y fuerza combinadas, derrotan a Ullikummi y restauran el orden. Esta epopeya representa la concepción hitita del universo: un lugar en permanente lucha entre el orden y el caos.