La Guerra de Troya constituye el marco en el que se desarrolló la más importante saga épica y mítica de la antigüedad clásica. Aunque el punto de partido fueron los poemas orales que se transmitieron durante siglos de generación en generación en boca de los aedos griegos, fue Homero, el primer autor de la literatura de Occidente del que tenemos noticia, quien puso por escrito una parte de esta historia en su Ilíada y su Odisea. Como es sabido, ni la Ilíada ni la Odisea cuentan la Guerra de Troya al completo, sino solo dos episodios muy concretos que con el paso de los siglos se convirtieron en los más importantes: la cólera de Aquiles y la muerte de Héctor, y el viaje de regreso a Ítaca del héroe Odiseo. Homero, sin embargo, dejó fuera una gran parte del mito: las causas de la guerra con el Juicio de Paris, el sorteo de los pretendientes, el rapto de Helena, el reclutamiento de los guerreros, la llegada de los aqueos a Troya, los primeros combates, la caída de la ciudad con el célebre episodio del caballo... Todos estos episodios de la Guerra de Troya los conocemos o bien por otros autores posteriores (como los autores de tragedias o poetas épicos) y por autores ya de época romana que sí contaron la historia de Troya en su totalidad, aunque con numerosos cambios y añadidos, como es el caso de las versiones de Dictis y Dares o la llamada Ilíada Latina.
En estos vídeos te ofrecemos una reconstrucción de las escenas más importantes de la Guerra de Troya, desde sus orígenes hasta sus últimas consecuencias, de forma que puedas adentrarte en la historia más importante de la literatura de Occidente de una forma amena y sencilla.
LA PELEA DE AQUILES Y PATROCLO
Después del incidente provocado por el sacerdote de Apolo y la exigencia de la devolución de su hija, Aquiles, humillado por Agamenón, decidió que no regresaría al combate. Se retiró a su tienda de campaña y pasó el tiempo entretenido con su lira. Sin embargo, cuando las tropas de Héctor, el príncipe troyano, empezaron a masacrar a los aqueos y llegaron incluso a amenazar con quemar las naves, Patroclo, compañero de armas y amigo íntimo de Aquiles, decidió tratar de convencer a su señor. Aquiles y Patroclo discutieron amargamente y se dijeron palabras muy duras, hasta que finalmente el hijo de Meneceo le suplicó al Pelida que al menos le dejara vestir su armadura en el combate. Aquiles le dijo a Patroclo que hiciera lo que considerara oportuno y se llevara su armadura si eso era lo que deseaba. Una decisión de la que ambos tendrían tiempo de arrepentirse...
LA DESPEDIDA DE HÉCTOR Y ANDRÓMACA
Tras la muerte de Patroclo, Héctor sabía que su enfrentamiento con Aquiles era solo cuestión de tiempo. Aun a sabiendas de que sus habilidades como guerrero eran muy superiores a las de cualquier mortal, el príncipe de Troya era consciente de que tal vez no bastarían para derrotar al señor de los mirmidones. Antes de acudir al combate, Héctor se reunió por última vez con su esposa Andrómaca, que tenía en sus brazos al pequeño Astianacte, el niño que estaba llamado a ser algún día el rey de Troya. El príncipe se despidió de ellos en una de las escenas más conmovedoras de toda la Ilíada y de la literatura occidental en general.
EL REY PRÍAMO Y EL CUERPO DE HÉCTOR
Tras la muerte de Héctor, Aquiles, todavía encolerizado, decidió profanar el cadáver del príncipe arrastrándolo con su carro alrededor de la ciudad. Una vez hecho esto, se llevó el cuerpo de Héctor para evitar que los troyanos le rindieran las debidas honras fúnebres. El rey Príamo, destrozado por la muerte de su hijo, decidió arriesgarse y, caracterizado con la ayuda del dios Hermes como un anciano mercader, se subió en un carro y se dirigió al campamento de los aqueos. La magia del dios Hermes impidió que los guardias de Agamenón reconocieran al rey, y de este modo Príamo pudo entrar en el campamento enemigo y llegar a la tienda de Aquiles, dispuesto a suplicar por la devolución del cuerpo de su hijo.


