El mito de Medea, la hechicera que ayudó a Jasón y los argonautas

El mito de Medea nos cuenta la historia de esta hechicera de la Cólquide hija del rey Eetes que ayudó a Jasón y los argonautas a recuperar el vellocino de oro. Su historia es una de las más trágicas de la mitología griega.
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El mito de Medea, la hechicera que ayudó a Jasón y los argonautas
Marcos Ribas Pérez | Lun, 10/13/2025 - 18:16
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Medea es recordada en la mitología griega como una de las más grandes hechiceras de todos los tiempos, ya que tenía poderes que rompían todas las reglas conocidas. Medea no solo cambió para siempre el destino de Jasón y los argonautas, sino que tuvo también una larga y fecunda historia posterior. Su leyenda ha sobrevivido miles de años, como un eco oscuro de lo que sucede cuando el amor choca de frente con la traición más despiadada, cuando la sed de venganza lo consume todo. El relato de Medea teje magia, pasión y tragedia con tanta fuerza que todavía hoy sentimos ese escalofrío al escucharla. Durante siglos, dramaturgos, pintores y pensadores no han podido sacársela de la cabeza, y han usado su imagen para plasmar todo tipo de mensajes en sus obras. 

¿Quién fue Medea en la mitología griega y cuál es su origen?

Medea procedía de la Cólquide, una tierra en los confines del mundo que los griegos consideraban el límite de la civilización. Gracias a sus poderes, bastaba con que Medea entrara en una habitación para que todos sintieran esa mezcla extraña de fascinación y terror. Una mujer que reconocía cada hierba venenosa con solo mirarla, capaz de crear pociones que podían cambiar el destino de cualquiera. Era lo que hoy llamaríamos sin dudar una bruja, un arquetipo que después aparecería una y otra vez en nuestra literatura representado como una mujer anciana y fea pero que en la Grecia arcaica y clásica se asociaba con mujeres jóvenes y bellas. Su nombre, que viene de la palabra griega para "planear" o "meditar", nos dice mucho acerca de ella: calculadora hasta el final, astuta como pocas, guardiana de secretos que otros ni siquiera se atrevían a soñar. 

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Jasón y Medes en una pintura de Waterhouse

¿Cuál era la ascendencia divina de Medea?

Para entender realmente de dónde sacaba Medea tanto poder, hay que mirar su árbol genealógico. Su padre era el rey Eetes de la Cólquide y su madre Idía, una ninfa de belleza extraordinaria, pero a través de ellos su abuelo era nada menos que Helio, el mismísimo dios del sol. Llevar sangre divina corriendo por tus venas, sentir esa energía, la colocaba en otro nivel completamente distinto al del resto de los mortales. Esta conexión con Helio no era solo un detalle menor; la vinculaba directamente con los misterios más profundos del universo, con esas fuerzas primitivas que hacen girar el mundo. Ese carácter tan apasionado suyo, esa forma tan intensa de amar y odiar que casi quemaba a quien se acercara, venía directamente de ese linaje solar. Los griegos antiguos lo tenían clarísimo: solo alguien con sangre divina podía dominar la magia de esa manera y tener las agallas para despreciar las normas que ataban a los simples mortales.

¿Por qué Medea es considerada una de las hechiceras más poderosas?

El poder de Medea no era ninguna broma: su magia iba mucho más allá de recitar fórmulas o hacer rituales vacíos, esta mujer entendía cómo funcionaba la naturaleza en su nivel más fundamental. Podía doblar las leyes naturales a su antojo, controlar los elementos como si nada, crear venenos que mataban en segundos o remedios que curaban lo imposible. Ejemplo de ello es cuando consiguió rejuvenecer a Esón, el padre de Jasón, usando un ritual que mezclaba sangre y plantas mágicas de formas que nadie más podía ni imaginar. Tenía además una comunicación directa con Hécate, la diosa de la brujería en persona. Los griegos le tenían un miedo terrible, desde luego, pero no era solo por su poder bruto. Le temían porque representaba algo que echaba abajo todo su sistema de creencia y valores: una mujer con capacidades extraordinarias que no se inclinaba ante ningún hombre. Y así fue como se transformó en el modelo de todas las brujas que después llenarían nuestra cultura.

¿Qué relación tenía Medea con Circe y Helio?

Las conexiones familiares de Medea la colocaban en un lugar privilegiado entre el mundo mortal y el divino. Además de nieta de Helio, era sobrina de Circe, la otra hechicera legendaria de la Odisea que transformaba hombres en cerdos y otras bestias. Circe, hermana del rey Eetes, compartía con Medea esa herencia solar y ese don para la magia, sobre todo para las transformaciones y los filtros de amor. Las dos eran como las dos caras de una moneda muy peligrosa: mujeres formidables, con habilidades que los hombres ni podían entender ni mucho menos controlar.

Por otro lado estaba Helio, su abuelo divino, siempre dispuesto a echarle una mano cuando las cosas se ponían feas. Cuando Medea tuvo que escapar de Corinto después de su terrible venganza, un carro volador, cortesía del mismísimo Helio, fue su medio de huida, lejos del alcance de cualquier justicia humana. Esta relación con el dios sol no era pura decoración; le daba carta blanca para actuar más allá de las leyes mortales. Con Circe como mentora y Helio como protector: estos eran los cimientos divinos que sostenían el tremendo poder de Medea entre los humanos.

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Relieve de un sarcófago romano que muestra a Jasón y Medea luchando contra el dragón

¿Cómo ayudó Medea a Jasón en la búsqueda del Vellocino de Oro?

Cuando Jasón y sus argonautas arribaron a la Cólquide en el legendario navío Argo, se toparon con una misión que rozaba lo imposible: hacerse con el Vellocino de Oro, ese tesoro mágico que el rey Eetes protegía con uñas y dientes, custodiado por un dragón que nunca cerraba los ojos y toros de bronce que escupían fuego. Pero entonces apareció Medea en escena, y las cartas sobre la mesa cambiaron radicalmente. Gracias a sus conocimientos mágicos, le dio a Jasón ungüentos que lo volvieron inmune al fuego de aquellos toros monstruosos y le reveló el secreto para vencer al dragón guardián. Sin ella, los argonautas se habrían estrellado contra el fracaso más estrepitoso. Las pruebas del rey Eetes estaban diseñadas con un solo propósito: ser imposibles de superar para cualquier mortal del montón.

¿Por qué Medea decidió traicionar a su padre para ayudar a Jasón?

La traición de Medea a su padre, el rey Eetes, para ponerse del lado de Jasón por amor responde a un tópico habitual en varias mitologías, pero no por eso deja de resultar cautivador. Según nos cuenta Apolonio de Rodas en su "Argonáutica", todo fue una maniobra calculada de los dioses. Hera, que tenía a Jasón bajo su ala protectora, conspiró con Afrodita para que Medea cayera rendida ante el extranjero. Afrodita mandó a su hijo Eros, y en un abrir y cerrar de ojos, una flecha dorada atravesó el corazón de la hechicera. El amor que sintió fue tan brutal, tan arrollador, que resistirse era como intentar parar una avalancha con las manos. Sabía perfectamente que ayudar a ese forastero la convertiría en traidora de su tierra y su sangre, pero fue incapaz de frenar. El hecho de que Eros metiera mano le añade un toque especialmente cruel al asunto. Medea, con todo su poder, terminó siendo un títere en manos de los dioses, víctima de una pasión que la arrastraría a su propia perdición.

¿Qué pruebas superó Jasón gracias a la ayuda de Medea?

Las pruebas que Jasón superó gracias a Medea demuestran lo precisa y letal que era la magia de esta mujer. El rey Eetes, decidido a quitarse de en medio al intruso, le plantó tareas diseñadas para matarlo. Primera prueba: enganchar dos toros de bronce que escupían fuego por las narices y arar un campo con ellos. Medea le dio un ungüento mágico que lo protegió del fuego como si llevara una armadura invisible. Segunda prueba: sembrar dientes de dragón de los que brotarían guerreros armados hasta los dientes. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de la hechicera, Jasón les tiró una piedra en medio y los guerreros, confundidos hasta el tuétano, se mataron entre ellos. Y la prueba final: enfrentarse al dragón que nunca pegaba ojo y custodiaba el Vellocino. Medea preparó una poción que tumbó a la bestia en un sueño profundo como el mar, permitiendo a Jasón llevarse el tesoro sin problemas. Cada prueba pone de manifiesto no solo lo lista que era Medea, sino su conocimiento enciclopédico de plantas y sustancias mágicas. Nadie se extraña de que se ganara a pulso su fama como una de las brujas más temibles de toda la mitología griega.

Tras esto, Medea escapó de la Cólquide junto a Jasón y los argonautas, convirtiéndose en una proscrita en su tierra. En la huida cometió además uno de sus crímenes más terribles: asesinó a su hermano Apsirto y lo desmembró, de modo que al ir tirando sus partes obligaba a su padre a detenerse para recogerlos, haciendo que su persecución fuera más lenta. Todo un prólogo de las atrocidades que cometería después. 

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Medea imaginada por el pintor Sandys

¿Cómo participó Eros en el enamoramiento de Medea por Jasón?

Según relata Apolonio de Rodas, cuando Jasón pisó la Cólquide, Hera, que era su protectora divina, vio clarísimo que sin Medea el chico estaba perdido ante las pruebas del rey Eetes. Así que fue directa a pedirle el favor a Afrodita, quien mandó a su hijo Eros a hacer el trabajo sucio. El dios del amor, invisible como una brisa, se acercó sigilosamente a Medea mientras ella observaba a Jasón y le clavó una de sus flechas doradas en pleno pecho. El efecto fue fulminante: la poderosa hechicera quedó completamente colgada, con una pasión tan intensa que le nubló por completo el juicio. Toda una paradoja: Medea podía manipular fuerzas mágicas que daban miedo, pero cuando Eros la tocó con su flecha, quedó totalmente indefensa ante sus propios sentimientos. Ese conflicto interno marcaría su destino trágico para el resto de sus días.

La venganza de Medea contra Pelias y las consecuencias del engaño

La venganza de Medea sobre el rey Pelias es una obra maestra de ingenio malvado y crueldad sin límites. Después de escapar de la Cólquide con Jasón y el Vellocino de Oro, la pareja llegó a Yolco, donde Pelias, el tío de Jasón, se había apoderado del trono que le correspondía a su sobrino. El plan de Medea jugaba tanto con su magia como con la inocencia de las hijas de Pelias, quienes sin tener ni idea se convertirían en las asesinas de su propio padre. Este episodio marcó un antes y un después: tras el asesinato, Medea y Jasón tuvieron que escapar también de Yolco, iniciando un viaje errante que los llevaría hasta Corinto, donde estallaría el capítulo más horrible de su historia. La venganza contra Pelias nos muestra una Medea que va mucho más allá del simple cliché de bruja para meterse en territorios moralmente turbios, donde la línea entre justicia y crueldad se vuelve tan borrosa que asusta.

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Medea y las hijas de Pelias en un relieve del siglo V a.C.

¿Cómo convenció Medea a las hijas de Pelias para matar a su padre?

El truco que Medea usó para manipular a las hijas de Pelias hasta hacerlas matar a su padre es tan macabro como brillante. Se presentó en Yolco disfrazada de sacerdotisa de Artemisa, diciendo que podía devolver la juventud a los viejos. Para demostrarlo, montó un espectáculo ante las princesas: cogió un carnero viejo, lo cortó en trozos, los echó en un caldero con hierbas mágicas, pronunció unos cuantos conjuros, y de ahí salió un corderito joven dando brincos. Las pobres chicas, completamente engañadas, quedaron boquiabiertas y pensaron que Medea podría hacer el mismo milagro con su anciano padre. Movidas por el amor filial y las ganas de darle más años de vida a Pelias, siguieron las instrucciones de la hechicera. En pleno el baño ritual, descuartizaron a su padre tal como Medea les dijo y lo metieron en el caldero, esperando ver el milagro con sus propios ojos. Pero Medea olvidó a propósito echar los ingredientes mágicos de verdad. Lo que las princesas creían que era un acto de amor se convirtió en el parricidio más espantoso que puedas imaginar: matar a su propio padre con sus propias manos.

¿Qué papel jugó Jasón en la muerte de Pelias?

El papel de Jasón en el asesinato de Pelias dice mucho sobre quién era realmente y la relación tan retorcida que tenía con Medea. No se manchó las manos directamente, pero fue cómplice hasta el final. Sabía perfectamente lo que su esposa era capaz de hacer y cuáles eran sus planes, y dejó que todo siguiera su curso sin mover un dedo. Se mantuvo a una distancia prudente para parecer inocente, mientras se beneficiaba del crimen como el que más. Esta actitud tan rastrera de Jasón, queriendo ver muerto a quien le había robado el trono pero sin mancharse con sangre de familia, ya dejaba ver la bajeza moral que después lo llevaría a traicionar a Medea en Corinto. La muerte de Pelias le venía de maravilla a Jasón porque eliminaba de un plumazo a su mayor rival político en Yolco. Pero el horror del crimen fue tan grande que acabaron desterrados y él jamás pudo sentarse en su trono. Este patrón de explotar las habilidades de Medea para sus propios intereses mientras se hacía pasar por un hombre honorable sentó las bases que terminarían por destrozar su matrimonio.

El abandono de Jasón y la venganza: la muerte de los hijos de Medea

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Cerámica antigua que muestra a Medea matando a uno de sus hijos

Una vez instalados en Corinto, Jasón mostró su verdadera cara. Cegado por la ambición política y las ganas de trepar en la escala social, tomó la decisión de abandonar a Medea para casarse con Glauce (también llamada Creúsa en algunas fuentes), la hija del rey Creonte. No era solo romper sus promesas de matrimonio; estaba dando la espalda a la mujer que lo había sacrificado todo por él, hasta su patria y su familia.

Medea sintió un dolor tan profundo que rápidamente se transformó en una rabia incontrolable, y lo que maquinó como venganza ha quedado grabado a fuego en la memoria de occidente. Primero, le mandó a la nueva prometida de Jasón un vestido y una corona como regalo de bodas, pero estaban bañados en veneno hasta la última fibra. En cuanto Glauce se los puso, el veneno la devoró en medio de gritos de agonía que helaban la sangre. Su padre Creonte, al intentar ayudarla, también murió al tocar aquellos objetos malditos.

Pero lo peor estaba por venir, algo que todavía hoy impacta cuando se lee. Medea entendió que la forma más cruel de destrozar a Jasón era quitarle lo que más quería en este mundo. Tomó entonces la decisión más espantosa que puedas imaginar: acabar con sus propios hijos, los dos pequeños que había tenido con él. Este infanticidio, que Eurípides inmortalizó en su tragedia "Medea", marca el punto más alto de su venganza. No solo le quitaba a Jasón sus herederos; eliminaba su propia descendencia, esa que llevaba la sangre del hombre que la había traicionado.

Fue la propia Medea quien segó la vida de sus hijos, un acto sobre el que se ha debatido y reflexionado durante siglos. Tras cometer el filicidio, Medea escapó de Corinto en un carro tirado por dragones alados, regalo de su abuelo Helio, dejando a Jasón hundido en la desesperación más negra. Sin hijos, sin futura esposa, sin ninguna posibilidad de tener descendencia.

Este relato mitológico ha superado su origen para consolidarse como un símbolo del costo de la traición y del alcance del sufrimiento humano cuando no se encuentra con límites. La metamorfosis de Medea, de esposa leal a vengadora implacable, continúa conmoviéndonos y planteándonos interrogantes inagotables acerca del amor, la venganza y las dimensiones de la justicia que puede alcanzar una persona que ejerce la justicia por su mano.

El asesinato de sus hijos por parte de Medea es uno de los episodios más sangrientos de toda la mitología griega. Nos muestra de manera escalofriante lo que las pasiones humanas pueden hacer cuando se descontrolan, llevándonos a actos de crueldad inimaginables. El abandono de Jasón y la serie de atrocidades que desató se erigen, hasta el día de hoy, como el ejemplo más explícito de cómo el despecho y la traición pueden generar una espiral de violencia capaz de destruir lo más sagrado que existe: la relación entre padres e hijos.

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El mito de Medea imaginado por el pintor Delacroix

Medea en Atenas: el final del mito de Medea

En su deambular, Medea llegó hasta la ciudad de Atenas, donde logró seducir al rey Egeo, que se casó con ella y la dejó encinta de su hijo Medo. Sin embargo, cuando Teseo, el hijo mayor de Egeo, regresó a la ciudad y vio peligrar su acceso al trono, acusó a Medea de todos los crímenes que había cometido con anterioridad y que nadie en la ciudad conocían. Ante aquellas acusaciones, Medea no pudo defenderse y Egeo la repudió, haciendo que la hechicera tuviera que marchar de nuevo al destierro, en aquella ocasión con su hijo Medo. 

A partir de este punto las fuentes difieren respecto al destino de la hechicera, aunque la mayoría coinciden en que regresó a la Cólquide, donde le disputó el trono de su padre muerto a su hermano Eetes. Tras triunfar sobre este, coronó como rey a su hijo Medo, de quien según la tradición desciende todo el pueblo de los persas o medos.