El dios Izanagi y el mito de la creación del mundo y la creación de los dioses en la mitología japonesa 

Izanagi es la principal deidad sintoísta, y según la mitología nipona él e Izanami crearon las islas de Japón.
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Izanagi dios y su esposa Izanami
Marcos Ribas Pérez | Jue, 04/10/2025 - 22:15
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La mitología japonesa tiene una historia para explicar la creación del universo: el relato de Izanami e Izanagi, dos dioses primordiales que prácticamente sacaron las islas de Japón de la nada más absoluta. Este relato constituye de los cimientos del sintoísmo, esa religión que lleva latiendo en el corazón cultural japonés desde hace miles y miles de años.

¿Quiénes son los dioses Izanagi e Izanami?

Izanagi viene a ser como la energía masculina en su estado más puro, mientras que Izanami encarna toda la potencia femenina de la creación. Ella es básicamente la madre cósmica que le da vida a todo lo que existe, y él funciona como su media naranja perfecta, el padre de todos los elementos. Esta pareja divina trabajando en equipo trajo al mundo a los dioses más importantes que conocemos: Susanoo (el dios de las tormentas), Amaterasu (diosa del sol), y un montón más.

Origen y papel en la mitología japonesa

Estos dioses salen mencionados en el antiquísimo texto del "Kojiki", donde nos cuentan que aparecieron tras siete generaciones divinas. Izanagi, cuyo nombre viene a significar algo como "el varón que invita", junto con su esposa Izanami, "la mujer que invita", recibieron un encargo brutal de las deidades celestiales: rematar la creación del mundo. 

Cuando todo empezó, el universo era un completo desastre caótico, y de ahí empezaron a brotar diferentes seres divinos o kamis. Los primeros fueron los solitarios (los hitorigami), que iban por libre sin pareja ni género claro. Luego llegaron los que aparecían de dos en dos: Izanagi e Izanami fueron la última pareja de esta segunda hornada, y los primeros con el poder de verdad para crear cosas.

Estos dioses simplemente "aparecieron" del plano celestial. No tuvieron padres ni fuerzas engendradoras detrás de ellos; fueron más bien como chispazos espontáneos de la energía creadora del universo. Los dioses anteriores les encargaron una misión cristalina y les dieron una herramienta para llevarla a cabo: la sagrada lanza Ama no Nuboko. Con ese artilugio en las manos, ya estaban preparados para moldear un mundo que por entonces era puro caldo primordial.

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Izanagi dios de Japón

Importancia de Izanagi e Izanami en la creación del mundo 

Para crear el mundo, Izanagi e Izanami removieron el caldo primordial con la lanza que se les había entregado. Su acto creativo fue mucho más allá de lo puramente geográfico; pusieron los cimientos de toda la vida y civilización en el imaginario japonés. Montaron el escenario donde se desarrollaría toda la historia de Japón, desde sus montañas más sagradas hasta sus mares más bravos.

¿Cómo se describe el mito de la creación de Japón?

El papel de Izanagi e Izanami en la creación de las islas de Japón

Según nos cuenta el "Kojiki", estos dos dioses cogieron la lanza celestial Ama-no-Nuboko y se pusieron a darle vueltas a las aguas caóticas del mar primigenio. Cuando sacaron la lanza, las gotitas que cayeron se solidificaron por arte de magia, formando la primera isla japonesa. Es como si el universo les hubiera prestado un pincel descomunal y ellos se dedicaran a pintar el mundo gota por gota.

La primera isla y su significado

Según el mito japonés, Onogoro fue la primera isla que crrearon, y no era una isla del montón. Se transformó en su hogar sagrado, la base de operaciones desde donde seguirían con su obra maestra. Esta isla significa muchísimo más que un simple trozo de tierra firme; marca el punto exacto donde el cielo y la tierra se dan la mano por primera vez, el epicentro espiritual desde donde nacería todo el archipiélago japonés.

El proceso de creación según el Kojiki

El "Kojiki" se explaya contándonos cómo siguió este proceso creativo. Tras Onogoro, los dioses continuaron teniendo críos: islas, dioses, elementos naturales... todo brotaba de su unión. Pero aquí llega el punto de inflexión de la historia: cuando Izanami parió a Kagutsuchi, el dios del fuego, las llamas la abrasaron de forma mortal. Este momento lo cambió todo de golpe, marcando un antes y un después brutal en la historia de estos dioses creadores.

La lanza Ama-no-Nuboko y la creación del mundo

La Ama no Nuboko (天沼矛), que vendría a traducirse como "la lanza celestial enjoyada", no era una lanza del montón, sino un arma tan espectacular que estaba forrada de piedras preciosas, reluciendo con una luz casi sobrenatural. Los grandes dioses se la entregaron a nuestra pareja creadora como muestra de autoridad y poder creativo.

Lo mejor es que esta lanza no estaba pensada para el combate, sino para generar vida. Desde el puente flotante del cielo (Ame no Ukihashi), Izanagi e Izanami la usaron para batir el océano original. Cada gotita que se desprendía de su punta se transformaba en tierra sólida. La primera isla, Onogoro-shima, vio la luz de esta forma, dando el pistoletazo de salida a todo el archipiélago japonés. Incluso hoy, la imagen de esta lanza sigue siendo uno de los símbolos más potentes de toda la mitología japonesa.

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Japón creado por Izanagi

¿Qué sucedió en el inframundo Yomi?

La descensión de Izanagi al Yomi

Cuando trajo al mundo a Kagutsuchi, el fuego la quemó tan salvajemente en sus genitales y Izanami murió. Pero incluso esta tragedia tremenda esconde un significado profundo: nos enseña que hasta en la muerte y el sufrimiento más atroz, la energía femenina es capaz de generar vida.

Izanami fue enterrada en el monte Hiba para su eterno descanso, un sitio que incluso hoy tiene una carga religiosa brutal. Pero Izanagi no podía tragarse la pérdida de su amada compañera. Destrozado y con el corazón hecho pedazos, tomó la decisión más arriesgada de toda su existencia divina: rescatarla del Yomi, ese reino tenebroso de los muertos.

El encuentro con Izanami en el Yomi

Lo que Izanagi se encontró en el inframundo le destrozó el alma. Dio con Izanami, pero ya no era ni la sombra de lo que fue. El Yomi la había transformado hasta lo más profundo. "No me mires", le suplicó ella, pero Izanagi prendió una antorcha y lo que vieron sus ojos lo dejó de piedra: su preciosa esposa se había convertido en un cadáver putrefacto. El espanto y la sensación de traición que sintió Izanami al verse pillada en ese estado provocaron que su relación se fuera al garete para siempre.

Consecuencias de la visita al inframundo

Esta excursión al Yomi dio un giro radical a la historia divina. Izanagi tuvo que escapar del inframundo, y al volver al mundo de los vivos, se sometió a un ritual de purificación muy intenso para quitarse de encima la contaminación de la muerte. Este rito de limpieza, que llaman misogi, acabó convirtiéndose en una práctica básica del sintoísmo y la cultura japonesa. De esta limpieza a fondo nacieron deidades nuevas, entre ellas Amaterasu, la diosa femenina que encarna la espléndida diosa del sol.

La tumba de Izanami en el monte Hiba

El monte Hiba no es una montaña más del paisaje japonés. Según te cuentan algunas versiones del mito, es donde Izanami descansa para toda la eternidad, haciendo de puente entre el mundo de los vivos y el reino de los muertos. Los bosques tupidos y llenos de misterio de este monte refuerzan esa vibra de "morada divina" (kannabi) tan típica del sintoísmo, donde la propia naturaleza —montañas imponentes, árboles centenarios, rocas colosales— alberga lo sagrado.

Incluso ahora, peregrinos y creyentes se acercan al monte Hiba, sintiendo en sus senderos forestales que hay algo divino y eterno flotando en el ambiente.

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Izanagi e Izanami en el Yomi

¿Cómo influyeron Izanagi e Izanami en la creación de otras deidades?

El nacimiento de Amaterasu y la diosa del sol

Durante el ritual de purficación tras su regreso del Inframundo, del ojo izquierdo de Izanagi salió ni más ni menos que Amaterasu, la mismísima diosa del sol. De un simple lavado de cara surgió la deidad más importante de todo el panteón japonés. Amaterasu no es una diosa del montón; ella es la encarnación de la luz, la vida misma, la prosperidad en persona. Su nacimiento nos demuestra que incluso tras la tragedia y la ruptura más dolorosa, Izanagi conservaba ese poder creador que quita el hipo.

La aparición de Susanoo y Tsukuyomi

Del ojo derecho de Izanagi brotó Tsukuyomi, el sosegado dios de la luna, y de su nariz salió Susanoo, el descontrolado dios del mar y las tormentas. Estos tres hermanos divinos forman un trío redondo: el sol deslumbrante, la luna apacible y las tormentas desatadas. Cada uno encarna una cara distinta de la naturaleza, dejando claro que el mundo necesita tanto momentos de paz como de tormenta para estar completo.

La historia de Kagutsuchi y su impacto

Kagutsuchi, el dios del fuego cuyo alumbramiento le costó la vida a Izanami, es un personaje que te deja pensando un rato. Por una parte, su llegada al mundo provocó la tragedia más importante de toda la mitología japonesa. Por otra, el fuego que simboliza resulta vital para la civilización: cocina los alimentos, da calor, permite forjar metales. Es destrucción y creación al mismo tiempo, una contradicción con patas que nos recuerda que en la naturaleza, vida y muerte siempre van de la mano.

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Izanagi dios de Japón

¿Cuál es el legado de Izanagi en el sintoísmo contemporáneo?

Rituales y ceremonias relacionados con Izanagi

El impacto que Izanagi tiene en el sintoísmo actual es muy grande. Los rituales de purificación o "misogi" que se siguen practicando hoy día arrancan de aquel baño purificador que se pegó Izanagi al salir pitando del Yomi. Cada vez que alguien se enjuaga las manos y la boca antes de pisar un santuario, está repitiendo en pequeñito el gesto de Izanagi. Estos rituales buscan dejar limpio no solo el cuerpo, sino el espíritu también, renovando ese vínculo con lo sagrado.

La representación de Izanagi en templos y santuarios

A lo largo y ancho de Japón, desde Hokkaido hasta Okinawa, te vas a topar con templos y santuarios que rinden homenaje a Izanagi. Estos lugares sagrados son bastante más que construcciones bonitas; funcionan como archivos vivientes donde se guardan las historias, rituales y tradiciones ligadas a este dios creador. El arte religioso, las esculturas, los murales... todo narra la historia de cómo un dios dio forma al mundo y después tuvo que lidiar con la pérdida más devastadora.

Interpretaciones modernas del mito de Izanagi e Izanami

Estos mitos milenarios siguen teniendo eco en el Japón del siglo XXI. Los académicos y artistas de hoy día ven en la historia de Izanagi e Izanami algo que va mucho más allá de un simple cuento sobre cómo empezó todo. Descubren metáforas sobre el amor que va más allá de la muerte, sobre nuestra forma de gestionar las pérdidas, sobre esos ciclos de creación y destrucción que rigen nuestras vidas. Hay quien interpreta el mito como una reflexión sobre la conexión entre humanidad y naturaleza, otros lo ven como una meditación sobre los roles de género. La verdad es que cada generación descubre en estos dioses antiguos respuestas a sus propias dudas existenciales.

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Izanagi dios de Japón