¡Que nos devuelvan las ruinas! El éxito de La asamblea de las mujeres en Mérida

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Cartel La asamblea de las mujeres
Casi a mediados de agosto, hace tiempo que superamos la mitad del festival dramático emeritense, y no son muchas las obras que nos quedan por disfrutar antes de la meta, a escasas dos semanas de distancia. Por el momento, y a pesar de que nos encontramos en un parón de rigor de dos días de duración, las columnas del teatro tiemblan todavía con la risa de los espectadores que desde el 29 de julio se han hacinado frente al escenario, en las caveas laterales, en los "palcos", encima y debajo de la roca, acalorados unos junto a otros, y todos frente a un elenco movido al ritmo de Juan Echanove, con Lolita Flores (Praxágora) y Pedro Mari Sánchez (Blípero) en la primera línea de remeros, y cuya chusma no tiene nada de chusma: Pastora Vega, en el papel de Clytia, María Galiana en el de Althea y Concha Delgado en el de Lavinia son tres claves a la hora de darle rapidez y guasa a la obra, y un Santiago Crespo pone en escena con gracia y estupor la concepción de otra genialidad del género dramático.

El milagro de la escena consigue convertir por unos momentos el Congreso de los Diputados en una familia de inocentes reaccionarios y oprimidos insurgentes. Lo que muchos leen como burla contra el feminismo se vuelve transformación social y consigue toda la empatía del público sin que esto afecte negativamente a lo cómico de la situación.

Significativamente reseñables son las partes cantadas con música y letra especiales para la ocasión, entonadas y bailadas por un coro singular. Las canciones suponen un sobretítulo magnífico para cuanto se desarrolla en escena, y disponen de un tono jocoso que, junto a la música, ayudan a mantener el aire festivo que debe acompañar a la obra.

Pero la representación también consigue sacarle partido al lado menos intemporal de la comedia, jugando con el acento de los personajes y las expresiones singulares que recontextualizadas nos acercan la disputa política de Blípero y Praxágora a nuestros días. Mucho de lo que en tiempos de Aristófanes resultara absurdo, en nuestra época forma parte de la vida corriente, con lo que en la adaptación percibimos una metátesis diacrónica constante, entre el pasado y el presente, pero también interpretamos una alusión a la nueva Grecia, aprovechando los orígenes de la obra.

---¡Que nos devuelvan las ruinas! ---aúllan los personajes desde el eterno pasado.
---¡Que nos devuelvan las ruinas! ---clama el director en su panfleto dramático.

Así, la obra está cargada de referencias subliminales, unas de parte del autor, y otras propias de esta versión de Bernardo Sánchez: Referencias a la situación de los países del sur, la vieja Grecia y la nueva Europa, a Lola Flores, al modus loquendi del actual Presidente del Gobierno, al Edipo Rey de Sófocles, e incluso a Billy Wilder. Las lecturas serán tantas como el espectador quiera.

Del éxito de la obra hablan también las cifras del aforo: ocho llenos absolutos, según la organización del festival, de diez representaciones. Y con esto se despide la obra de la capital extremeña, que descansará poco hasta las tres próximas actuaciones: Avilés (15/8), Sagunto (21/8) y Cartagena (22/8).

Teatro romano en el Festival de Mérida

Fuentes: Región Digital.com
Fotografía: Jero Morales

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