Príamo, rey de Troya

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Príamo, el anciano rey de TroyaEn el ciclo homérico, Príamo es el rey de Troya, padre de todos los príncipes troyanos y principal artífice de la resistencia de la ciudad contra los ataques de los griegos. Como dirigente de los troyanos, tiene un papel esencial en el desarrollo del conflicto. Homero presenta a Príamo como un anciano orgulloso por su cargo pero tierno y compasivo en lo que respecta a su familia, y especialmente a sus hijos.

PRÍAMO ANTES DE LA GUERRA DE TROYA

Príamo era hijo de la ninfa Estrimón y de Laomedonte, rey de Troya. La ninfa Estrimón era hija del río Escamandro, el río de la ciudad de Troya y una de las divinidades protectoras de la ciudad. Algunos autores afirman que Príamo fue hijo de Leucipe y no de Estrimón. Según algunas fuentes, al nacer, se le puso el nombre de Podarces, “el de los pies ligeros”, un nombre común entre los personajes míticos.
Siendo Príamo un niño, su padre Laomedonte pactó con el dios Poseidón que la divinidad construiría unas enormes murallas para la ciudad que la harían inexpugnable ante cualquier ataque exterior. Poseidón aceptó, pero una vez acabados los trabajos, Laomedonte no pagó el precio convenido, por lo que el dios, irritado, envió un monstruo marino a que devastara la tierra troyana. Según otra versión, el dios Apolo también intervino en la construcción de las murallas, bien de forma directa, bien pastoreando los rebaños de Troya mientras las murallas eran construidas. Apolo, irritado ante la mala fe de Laomedonte, envió una peste sobre Troya, un anticipo del mismo castigo que enviaría sobre los ejércitos griegos décadas después en plena guerra de Troya.

Para aplacar al monstruo o la cólera de Apolo en forma de peste, Laomedonte ofreció a su hija Hesíone en sacrificio. Por suerte para ella, el héroe Heracles, que pasaba por allí en uno de sus viajes, mató al monstruo y salvó a Hesíone. Heracles exigió su recompensa: las yeguas divinas que Zeus había regalado a la casa real troyana como compensación por el rapto del joven Ganimedes, al que había convertido en su amante y su copero personal. Laomedonte se negó a entregar a Heracles tan preciado tesoro y trató de engañarle dándole unas yeguas mortales. El rey de Troya, además, encarceló a Teucro y a Ificles, los dos heraldos que Heracles había enviado a la ciudad para exigir el pago a su trabajo. Heracles, enfurecido, mató al rey y a todos sus hijos, con excepción de Hesíone y el pequeño Podarces. En algunas fuentes se dice que se salvaron porque intercedieron ante su padre para que liberara a Ificles y Teucro. Heracles pretendía llevarse como prisionero al pequeño Podarces, pero su hermana Hesíone, para asegurar que la estirpe de la casa real troyana perviviera a través de su hermano, se ofreció a si misma como sustituta. Heracles aceptó, permitió que el pequeño Podarces permaneciera en Troya. Fue en ese momento cuando el niño recibió el nombre de Príamo, según la mayoría de autores por asimilación con el verbo griego “priamein”, que significa comprar. Priamo sería por tanto “el comprado” o “el rescatado”. Frente a esta interpretación, muy habitual entre los antiguos, algún filólogo moderno ha querido ver en Príamo un nombre luvita, una lengua indoeuropea que se hablaba en la región de la Troade. Hesíone fue entregada por Heracles a su compañero Telamón, que la tomó como concubina y la llevó consigo a Salamina, su patria. Hesíone y Telamón engendraron juntos a Teucro, uno de los héroes griegos que participaron en la expedición contra Troya.

De este modo, tras la muerte de todos sus hermanos, el pequeño Príamo se convirtió en rey de Troya. Príamo nunca olvidó el sacrificio realizado por su hermana Hesíone, y trató de rescatarla en diversas ocasiones por medio de heraldos, pero Telamón nunca accedió a renunciar a ella. El rapo de Hesíone fue uno de los argumentos que Príamo esgrimió para justificar el secuestro de Helena por su hijo Paris y su negativa a devolver a la joven a Menelao, su esposo.

Príamo consiguió engrandecer el poder de Troya, conquistando algunos reinos vecinos y estableciendo pactos con otros. Él mismo participó como guerrero en numerosas campañas, siendo su guerra contra las amazonas la más celebrada incluso por él mismo durante su vejez.

La descendencia de Príamo fue una muestra de su fecundidad, llegando a tener, según la cifra canónica, cincuenta hijos y más de diez hijas. Aunque Hécuba fue su esposa principal y aquella que le acompañó hasta el final de sus días, Príamo tuvo varias mujeres y amantes que aumentaron su descendencia.

Dentro de sus hijos, hay que destacar a Héctor, su heredero destinado a reinar en Troya, Casandra, maldecida con el don de la profecía por el dios Apolo, Deífobo, que ocupó el lugar de Héctor tras su muerte, Troilo, muerto a manosPríamo, Hécuba y Casandra de Aquiles, Creusa, casada con el héroe Eneas, Héleno, también con el don de la profecía, Polixena, la más pequeña y hermosa, y Paris, el desencadenante de la guerra de Troya.

El nacimiento de Paris estuvo acompañado de diversos presagios de la ruina que caería sobre la ciudad. Príamo soñó que su mujer daba a luz un leño ardiendo, cuyas llamas se extendían por la ciudad y la arrasaban por completo. Al despertar, Príamo consultó con los adivinos, que le aconsejaron alejar a aquel niño de Troya para evitar que trajera la desgracia a su casa. Príamo obedeció, y cuando nació Paris fue abandonado en el monte Ida, donde unos pastores lo criaron. Paris regresó a Troya siendo ya un adulto, para participar en unos juegos en honor del rey. Fue en ese momento cuando su padre le reconoció y, contra el consejo de muchos, incluida su propia hija Casandra, admitió a Paris de nuevo en palacio como un príncipe más.

Fue Príamo el que envió a Paris a la corte de Menelao de Esparta, según algunos para firmar un tratado de paz, según otros en un último intento por conseguir que los griegos le devolvieran a Hesíone, ya una anciana. Cuando Paris regresó con Helena, Príamo desoyó una vez más a quienes le advertían de que aquello les conduciría al desastre, y admitió en la ciudad a su hijo y a su nueva esposa.

En los meses que siguieron al rapto de Helena, Príamo recibió a los embajadores griegos, que exigían la devolución de la joven, pero no se negó a atender sus peticiones, abocando a Troya a una guerra contra todas las ciudades aqueas.

PRÍAMO DURANTE LA GUERRA DE TROYA

Al ser ya un anciano con las fuerzas mermadas, Príamo no pudo participar en primera línea de los combates una vez estalló la guerra. Su papel fue el del soberano que anima a su pueblo a resistir mientras gobierna desde la seguridad que le proporcionan las enormes murallas de Troya. Príamo delegó en su hijo Héctor la comandancia de las tropas troyanas, mientras se reservaba para él mismo todas las decisiones políticas.
A pesar de todo, Príamo fue viendo cómo sus hijos caían uno tras otro a manos de los héroes aqueos. Troilo cayó a manos de Aquiles en una emboscada. Héleno fue secuestrado para que usara sus dotes de adivino en favor de los ejércitos griegos. El momento de mayor sufrimiento para Príamo llegó cuando Aquiles mató a Héctor en represalia por la muerte de su amado Patroclo. Aquiles enganchó el cuerpo de Héctor a su carro y dio siete vueltos alrededor de las murallas de Troya para mutilar su cadáver ante la vista de su desesperado padre.

Príamo, destrozado por el dolor, decidió acudir en persona al campamento de los mirmidones para suplicar a Aquiles que le devolviera el cadáver de su hijo. Disfrazado como un campesino, salió de Troya conduciendo un carromato y se dirigió al lugar donde los griegos tenían su asentamiento fortificado. Gracias a la ayuda del dios Hermes, que adormeció a los guardias que vigilaban las puertas, Príamo logró llegar a la tienda de campaña de Aquiles, y, una vez ante el héroe, se abrazó a sus rodillas y le suplicó que le permitiera dar a Héctor una digna sepultura. Aquiles se apiadó del anciano y le entregó el cuerpo de Héctor, por lo que el rey pudo regresar a Troya y realizar unos funerales apropiados para su hijo mayor.

Príamo suplica ante Aquiles por el cadáver de Héctor

La muerte de Héctor no supuso el fin de los sufrimientos del anciano. Otros de sus hijos fueron muriendo a manos de los griegos a medida que el final de la contienda se acercaba. Paris murió a manos de Filoctetes, pero esto no supuso la devolución de Helena a Menelao, sino que Príamo decidió que la joven se casara con otro de sus hijos, Deífobo.

Cuando los griegos fingieron abandonar las costas de Troya, Príamo ordenó abrir las puertas de la ciudad para que todo el pueblo pudiera ver el presente que los aqueos habían dejado antes de su marcha: un enorme caballo de madera. Algunos, como el sacerdote Laooconte, advirtieron del peligro que suponía aquel sospechoso regalo, pero Príamo ignoró sus palabras y decidió introducir el caballo en el interior de Troya para ofrecerlo a sus dioses en una fiesta. Algunos autores dicen que tuvieron que derribar parte de la muralla para que el enorme caballo pudiera entrar en la ciudad, dejando Troya desprotegida ante sus enemigos.

Aquella noche, cuando los troyanos, ebrios tras horas de fiesta, se echaron a dormir, los griegos salieron del interior del caballo y, tras abrir las puertas al resto del ejército, que acababa de desembarcar, iniciaron la matanza. Príamo, en un último acto de desesperación, intentó tomar las armas para defender a sus súbditos, pero su esposa Hécuba le convenció de la inutilidad de su acción y le llevó con ella hasta un altar de Zeus. En aquel lugar le encontró Neoptólemo, el hijo de Aquiles, que, haciendo oídos sordos a la súplica del anciano y violando la sacralidad del lugar, le dio muerte con su espada.

Tras la caída de Troya, todos los descendientes masculinos de Príamo fueron asesinados por los aqueos, que querían acabar con la estirpe de la casa real troyana. El pequeño Astianacte, hijo de Héctor, fue arrojado desde lo alto de las murallas. De entre los nietos de Príamo, únicamente el pequeño Ascanio, hijo de Eneas y Creusa, consiguió escapar de matanza, llevando consigo un legado que perduraría en sus descendientes y llegaría hasta Roma por medio de Rómulo y Remo.

Neoptólemo mata a Príamo junto al altar de Zeus

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